Como en la vida, para hacer grandes vinos no existen recetas y no existirán. Existen estilos y formas, existen momentos y oportunidades, existen sueños e ideales, tan diversos como diversos son las mujeres y hombres de nuestro mundo. Nuestra propia existencia es un libro que escribimos en borrador y que no concluye, que se prolonga, que intentamos dibujar avanzando hacia días que serán, nuestros mejores días.

La única, absoluta y suprema norma, debiera ser la nobleza, ese esquivo estado de elevación que otorga a los elegidos la capacidad de mantener sin alterar las virtudes capitales de su esencia, sea cual fuere el escenario, frente a la prosperidad o frente a las peores adversidades. Definitivamente la nobleza es lo más digno de intentar cultivar en nuestras vidas, y de más está decirlo, en nuestros vinos .